Con un crecimiento de casi el 25%, hemos llegado a números de ventas de la nuda propiedad que no se veían desde 2014. El año pasado se cerró con más de 1.650 operaciones (uno de los registros más elevados de la última década) y las estimaciones para el actual curso también son positivas.
El incremento en los últimos años ha sido exponencial, ya que España alcanzó la marca más baja en 2020, un año claramente perjudicado por la pandemia mundial en todos los sectores en general y en el del ladrillo en particular.
Para quien no haya oído hablar nunca de esta fórmula inmobiliaria, la venta de la nuda propiedad consiste en un contrato de compraventa en el que el vendedor transfiere al comprador uno de los dos derechos que conforman la plena propiedad. Estos son la nuda propiedad, que, por decirlo de forma sencilla, solo hace referencia al título de propietario del inmueble y el usufructo, que otorga el derecho al uso y disfrute del mismo.
Gracias a este producto enfocado principalmente a personas mayores de 65 años, el dueño de una propiedad puede venderla y seguir viviendo en ella para toda la vida. Esto aporta un impulso económico que puede complementarse con la pensión de jubilación. Se trata de una modalidad que aporta soluciones a muchos casos particulares y que lleva funcionando en varios países de Europa desde hace décadas.
¿Por qué está teniendo tanto éxito esta fórmula?
Lo cierto es que la venta de la nuda propiedad en España ha ido cogiendo bastante fuerza como una de las principales alternativas a la venta tradicional en las operaciones inmobiliarias. La tendencia es totalmente ascendente y se prevé que siga aumentando durante los próximos años.
Este crecimiento se debe a diversos factores, algunos biológicos, como el aumento de la esperanza de vida con su consecuente incremento de necesidades de recursos y otros relacionados con los intereses personales de los usuarios. Al fin y al cabo, se trata de una transacción que aporta ciertos beneficios e intereses a ambas partes del acuerdo.
Esta venta otorga liquidez inmediata al propietario original y le brida la posibilidad de seguir viviendo en su hogar hasta el día de su fallecimiento. Será entonces cuando el comprador se convierta en el pleno propietario, por lo que se considera una inversión de cara al futuro.
Por supuesto, esta venta tiene un descuento sobre el valor de mercado, pero a su vez otorga unos derechos y unas obligaciones al nudo propietario y al usufructuario. El primero se tendrá que hacer cargo de las reparaciones extraordinarias de la vivienda y pagar los gastos y tributos correspondientes a excepción del IBI (Impuesto de Bienes Inmuebles), que corre a cargo del usufructuario.
Sin lugar a dudas, este producto puede ser una solución a una situación difícil o un desahogo que complemente la pensión de jubilación para vivir de forma más cómoda. Con todo esto en cuenta, no es de extrañar que los expertos estimen que las operaciones vayan a seguir creciendo de cara al futuro.